Al tener la oportunidad de entrar en un centro de refugiados de la Cruz Roja y vivir ahí dentro como un residente más, es evidente que el ejercicio de brindar asilo a refugiados es equivalente a asegurar la vida, la libertad y la seguridad de la persona. Abrir las puertas a los refugiados es velar por que se respeten sus Derechos Humanos.
La condición migratoria que se está observando actualmente en Europa, no se trata de una falla en las medidas de seguridad fronterizas, sino de una condición de supervivencia elemental. Los refugiados son individuos que corren peligro de muerte en su país de origen. Son víctimas que huyen de factores que amenazan su vida, por lo tanto, señalarlos como potenciales victimarios incurre en una falta de humanidad por prate de quien así los juzga.
Al referirse a los refugiados, es importante tener en cuenta que se trata de personas que no cuentan con la protección del gobierno de su país de origen, razón por la cual se debe promover una bienvenida hospitalaria en el país de asilo precisamente porque se trata de niños, familias, jóvenes, o padres y madres que han cruzado fronteras, mares y montañas en busca de esa protección que no encuentran en su lugar de origen.
Sería irresponsable e inhumano ignorar los ataques terroristas ocurridos en diferentes regiones del mundo, adquiriendo la obligación de mostrar respeto por los centenares de vidas inocentes que se han perdido. Sin embargo, sería igualmente inhumano e irresponsable victimizar a los refugiados por actos de violencia relacionándolos con una orientación religiosa, social, étnica, política o incluso geográfica, pues se caería en una práctica discriminatoria que violentaría los Derechos Humanos de los migrantes y desplazados que buscan o cuentan ya con asilo o estatus de refugiados.
Por el contrario, así como lo defiende el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados, los Estados deben garantizar la seguridad de los refugiados y facilitar en lo posible el acceso a los derechos económicos y sociales de su país.
El proyecto internacional desarrollado en uno de los Centros de Refugiados de la Cruz Roja en Bélgica, donde nos reunimos un equipo multicultural de jóvenes de tres continentes diferentes, observamos que la característica común que identifica a los refugiados residentes del Centro es el optimismo. A pesar de la tragedia que orilla a un refugiado a abandonar su país y a su gente, la incertidumbre que se construye en ese proceso, para ellos se traduce en esperanza.
En entrevista con nacionales de Senegal, Somalia, Ruanda, Siria, Iraq y Afganistán, los resultados recolectados se dirigen a la conclusión de que los principales intereses que buscan después de recibir el estatus de refugiado, es perseguir una educación académica, buscar un empleo, y ayudar de vuelta a los que más lo necesitan, en representación de una forma de agradecimiento por haber sido protegidos. Los refugiados son seres humanos que, a pesar de las tragedias a las que hayan sobrevivido, muestran siempre una actitud de disposición para ayudar al otro.
Al escuchar el testimonio de un joven residente del Centro de Refugiados proveniente de Iraq, quien explicaba con dolor cómo había abandonado su país después de presenciar bombardeos en casas de familiares y amigos, posteriormente, cuando se le preguntaba por qué había escogido Bélgica como país de asilo, respondía que quería tomar la oportunidad para estudiar en ese país y convertirse en médico, no por la retribución económica, sino para poder estar en la posición de ayudar a otros. Cuando un ser humano que está buscando ayuda, muestra una voluntad de ayudar al otro, incluso a priori de que las autoridades confirmen que se le va a otorgar el estatus de refugiado, es una enseñanza de solidaridad que la Comunidad Internacional debería de adoptar en el presente periodo de crisis, donde los más vulnerables son los que están enseñando a través del ejemplo.
Todo individuo debería tener el derecho justo a ejercer la Objeción de Conciencia y a partir del cual presentar sus argumentos para oponerse a disposiciones oficiales como el servicio militar. En el caso de los refugiados Sirios, después de realizar entrevistas a los residentes de esta nacionalidad, se observa que el Gobierno Sirio está limitando a su población del derecho civil antes mencionado, generalizando una obligación de presentarse al servicio militar para el ejercicio activo. Los entrevistados compartieron su rechazo a pertenecer a un órgano militar de forma obligatoria en donde muy probablemente se enfrentarían en combate contra gente inocente de su propia nacionalidad, incluyendo posiblemente integrantes de su familia o de su círculo social más cercano.
Los resultados arrojados por las entrevistas también demostraron que los nacionales sirios representan la población de refugiados con una mayor preparación académica, lo que se traduce en potenciales recursos humanos altamente calificados con potencial de generar cambios positivos socioeconómicos en una sociedad europea con una población en capacidad de producción económica cada vez más longeva.
Siguiendo esta lógica, la utopía de la relación conflicto - resolución, dictaría que la manera más eficiente de resolver el problema sería solucionarlo en su punto focal, minimizando las pérdidas de vida así como el desgaste físico y psicológico resultante de peligrosas rutas que emprenden las personas en busca de asilo. Sin embargo, la apología, es decir, la conducta antónima al deber ser, refleja que los conflictos internacionales y las guerras civiles presentan un nivel de complejidad que no permite soluciones locales al corto plazo. Así, a manera de conclusión, mientras no se pueda transformar las condiciones del punto local del conflicto en estabilidad y prosperidad, el ejercicio de conceder asilo, protección y estatus de refugiado, representa una ayuda extraterritorial a la cual la Comunidad Internacional puede contribuir individual y colectivamente.
Probablemente pasarán aún varios siglos para poder ejercer plenamente el orden cosmopolita propuesto por Kant, no obstante, desde el presente es posible mostrar disposición y capacidad para prolongar y fomentar condiciones de paz, ofreciendo protección a los refugiados, demostrando que cada país de asilo puede ser un aliado de los inocentes.
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